Cátedra Jorge Basadre

Blog-Homenaje a la memoria de Jorge Basadre,
Historiador y Profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

jueves, agosto 31, 2006

TOMO VI:
Jorge Basadre y el Perú del siglo XIX:
Un país mal administrado

Por Enrique Hulerig Villegas

Catedrático y coordinador de la Maestría de Historia de San Marcos, Cristóbal Aljovín de Losada es uno de los especialistas más calificados en el siglo XIX republicano. En esta entrevista nos acerca a algunos temas del volumen 6.

¿Basadre encuentra proyectos de integración nacional a mediados del siglo XIX?

Por un lado, nos muestra cómo surgen diversos proyectos y cómo se inicia la construcción de una ciudadanía participativa, como sucede, por ejemplo, en las elecciones de 1850 y cómo se forma desde ahí una élite civilista con un proyecto nacional. Por otro lado, hay también en Basadre la visión de un país administrado de un modo poco científico. Hay una ambivalencia sobre cómo entender el siglo XIX, buena parte de ello debido a la amargura de la derrota con Chile.

Algunos historiadores hablan de un siglo a la deriva.

Después de Basadre viene la crítica de la izquierda sobre si tenemos o no una clase dirigente. La izquierda y el propio González Prada refieren que no y al no haber clase dirigente no hay proyecto nacional. Pero dentro de la historiografía más reciente, con una visión más positiva, encontramos a Carmen McEvoy, que hace una revaloración de Pardo. El propio Basadre nos habla de la grandeza de los miembros de la Revista de Lima (Palma, Ulloa, Pardo). Javier Tantaleán habla también de un proyecto nacional en la época de Pardo.

¿Pardo encarna el primer proyecto concreto de integración?

Muchas de las ideas de Pardo y de su grupo son originales pero son también herederas de una reflexión procedente de los años 30 y 40, como, por ejemplo, la crítica al militarismo. En la época de Pardo la sociedad peruana se vuelve más compleja, entre otras cosas debido a que ya hay más dinero, más grupos pensantes, además de una efervescencia por discutir problemas de fondo.

¿En este momento hay ya una crítica al militarismo?

En la elección de 1850, a raíz de la postulación de Domingo Elías, candidato del Club Progresista, hay una polémica sobre quién debe gobernar el país, si un civil o un militar. Se dice que el militar es un hombre con visión nacional, sin vínculos ni intereses personales, pero que el civil sabe administrar y crear riqueza. Finalmente gana la elección Echenique, que era militar.

Hay, además, un interesante desarrollo de ideas liberales.

En esta época se da un complejo proceso que podemos comprender a través de algo que en historia se conoce como "sociabilidad moderna", es decir, cómo se van organizando asociaciones civiles, clubes electorales, todo a partir de la década del 50, con una fuerte participación asociativa urbana tanto en Lima como en ciudades del interior o del resto de América. Esta tendencia va acompañada de un debate ideológico muy fuerte sobre los rezagos del antiguo régimen -mayorazgo, vinculaciones-, donde destaca una crítica muy liberal que incluso alcanza a la Iglesia Católica. La Constitución del 56 es todo un manifiesto liberal acompañado, además, por la eliminación del tributo indígena y la abolición de la esclavitud, ambas decisiones vinculadas a la prosperidad fiscal pero también a una guerra civil en la que una forma de congraciarse con la población de origen africano es ofreciéndole libertad. Después hay una reacción conservadora en la Constitución del 60, aunque sin regresar al autoritarismo de la Constitución de 1939.

¿Cómo se vincula este debate con el apogeo del guano?

A través de la discusión sobre cómo se distribuyen los ingresos del guano y la corrupción que se generaba, sobretodo en el gobierno de Echenique. Pero Castilla le hace un golpe de Estado, lo acusa de corrupto y plantea un sistema político más liberal. Cabe señalar que Castilla se había subido al carro liberal, no muy convencido del proyecto.

Pero su gobierno aparenta ser el más orgánico del periodo.

Ahora hay un gran debate sobre el gobierno de Castilla. Hay historiadores que levantan la imagen de Pardo como un hombre con un proyecto más moderno que el de Castilla, que modernizó el país en ciertos aspectos pero con una política clientelista.

¿Hay en este periodo la idea de modernizar el país a través de los ferrocarriles?

Hay una noción de modernización vinculada a la creación de infraestructura, una visión que actualmente vemos en la Interoceánica o la construcción de carreteras, que son, además, fuertes demandas sociales. La noción mundial de un país moderno se vinculaba a la construcción de ferrocarriles, pero en el Perú, además, reduciría el precio del transporte, uno de los grandes problemas en nuestro país. El Perú era la Arabia Saudita de esa época, con una línea de préstamos muy buena que se destinó, en parte, a la construcción de líneas ferrocarrileras. Había una noción de acercar el Perú, crear mercados. Pardo es un gran entusiasta de los ferrocarriles, de la extensión del telégrafo, del barco a vapor, todos síntomas de modernidad. La crítica que se ha hecho a estas inversiones tiene que ver con su viabilidad económica, si valió la pena invertir de la manera en que se invirtió.

¿La crisis previa a la guerra se agudiza con la pérdida de aliados estratégicos como Inglaterra?

El Perú era un país moroso al que no se le prestaba dinero, pero una vez que se resolvió el problema de la deuda externa con el guano y se comenzó a pagar, el país vuelve a calificar. El Perú era tan rico que podía conseguir mucho dinero vía préstamos. En el caso de Inglaterra las relaciones anglo-peruanas se mezclan, por un lado, con el tema de la expropiación de las salitreras inglesas, y, por otro, con los vínculos que los ingleses empiezan a tejer en Chile a través de sus compañías afincadas en Santiago. Se forman redes empresariales inglesas más poderosas en Chile que en el Perú. Pardo había expropiado las salitreras y eso creó un malestar. Basadre dice que si bien es cierto los ingleses apoyan a Chile y tienen interés en que las compañías inglesas administren el salitre, al final es el gobierno chileno el que decide la guerra.

Chile aparece en varios momentos de nuestra historia: la independencia, la confederación, la guerra con España.

Tanto Chile como el Perú se vieron amenazados por el poderío español y eso generó una alianza americana, no solo peruano-chilena. En Buenos Aires hay desfiles a favor de Perú y Chile. Y es que en esa época se hablaba de la posibilidad de una reconquista española de América. Durante el gobierno de Flores, en Ecuador, hubo el proyecto de acoger tropas españolas, que serían enviadas desde ese país, es decir, se buscaba establecer un gobierno similar al de Maximiliano, en México. Resumiendo, hay cuatro momentos importantes en las relaciones con Chile. Primero, la independencia. Cuando San Martín pasa por Chile obliga a O'Higgins a financiar la expedición al Perú, de lo contrario la independencia no se consolidaría. Después, durante la Confederación Peruano-Boliviana, el gobierno de Prieto considera que la alianza es una amenaza y no le faltaba razón pues el Perú iba a recuperar su hegemonía en el Pacifico Sur. Luego está el conflicto comercial entre Valparaíso y el Callao y finalmente la propia guerra.


Publicado en el diario El Comercio, 09/10/2005
Jorge Moreno Matos, 7:30 p. m.

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